Define tus propósitos de año nuevo con objetivos SMART

CLAVES DEL ÉXITO PARA SER PRODUCTIVOS Y CONSEGUIR METAS

Un objetivo sin un plan es solo un deseo” decía el autor de la famosa obra de “El Principito”, Antoine de Saint-Exupéry. Cada mes de enero nos proponemos un sinfín de propósitos de año nuevo, tanto a título personal como profesional, pero ¿cuántos logramos conseguir realmente? Para llevar a buen puerto nuestras metas, lo mejor es aplicar la metodología SMART.

¿En qué consiste la metodología «SMART»? 

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En fijar unos objetivos que tienen unas características muy concretas: deben ser Specific (específicos), Measurable (medibles), Achievable (alcanzables), Relevant (relevantes) y Time-bound (acotados en un determinado período de tiempo).

A menudo, surgen imprevistos y fuegos que hay que apagar de forma urgente, que pueden descentrarnos del foco principal. Por eso, viene bien tener un faro, una guía en el horizonte, que nos recuerde siempre dónde está el norte que buscamos, no solo a nivel individual sino de equipo. Así, es más probable que todo el mundo reme en la misma dirección y es más fácil medir el desempeño de nuestros esfuerzos, así como distribuir mejor los recursos y el tiempo disponible. 

Proponerse “objetivos inteligentes” (objetivos SMART) no es nada sencillo porque no basta con manifestar un deseo del tipo: “este año quiero perder peso” o “este año quiero facturar más”. Hay que ser mucho más concretos porque si no, a la hora de valorar los resultados, lo que tú piensas que ha sido todo un éxito, tus amigos o -peor aún- tu jefe pueden pensar todo lo contrario. 

Por ejemplo, imagina que pierdes 6 kilos y tú estás tan contento porque has perdido esa barriguita cervecera tan poco fotogénica. Sin embargo, cuando compartes tu satisfacción con tus colegas, te sorprenden sus caras de incredulidad. ¿Por qué? Porque, quizás, has perdido 6 kg en un año y lo que ellos esperaban era que hubieras perdido ese peso en el primer trimestre y luego te hubieras centrado en marcar la “six pack”, al igual que han hecho ellos. Definir el alcance de los objetivos es crucial y medir el avance progresivo para motivarte o tomar medidas correctoras, mucho más. Cuando piensas “quiero facturar más”, ¿cuánto más quieres facturar: el 20% respecto al trimestre anterior, el doble que el año fiscal anterior, más que el departamento de Ventas del equipo de Holanda…? Si no defines bien el objetivo, nunca vas a saber si lo has conseguido o no, con lo que tiras por la borda el “factor motivación” y el “factor de posible corrección”. Si no partes de unos datos actuales que te sirvan de partida para establecer unos indicadores (KPIs) de la evolución de tu meta, va a ser complicado medir el grado de cumplimiento o satisfacción.

¿Por dónde empezamos para definir los objetivos SMART? ¡Haz preguntas!

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Antes de empezar, te recomendaría que fueras sincero contigo mismo y, sobre todo, muy realista. Es importante que tengas en cuenta tu entorno, los factores que pueden afectar, los recursos, los obstáculos… Si te propones un objetivo inalcanzable, tu propósito se vuelve del todo ineficaz. 

Como el juego de siglas indica (SMART), piensa en objetivos inteligentes porque estas metas van a dirigir todos los esfuerzos estratégicos, ya sea de tu vida privada o de tu equipo de trabajo. Estos objetivos van a marcar tus prioridades y las de tu equipo de ahora en adelante. 

Hay una serie de preguntas que pueden ayudarte a definir tus objetivos SMART:

Specific / Específico. ¿Qué quieres conseguir exactamente? 

Concreta tu objetivo: qué quieres lograr, cómo quieres realizarlo y quiénes serán los responsables y personas afectadas. Ejemplo: “Quiero duplicar el volumen de ventas actual del mercado español en un tiempo máximo de dos años, manteniendo el equipo y los recursos actuales, sin nuevas inversiones”.

Measurable / Medible. ¿Qué KPIs vas a utilizar para medir la evolución?

Ningún objetivo se cumple de 0 a 100% de forma automática. De hecho, es posible que no se cumpla al 100% pero si conseguimos alcanzar el 80%, por ejemplo, habremos hecho un progreso considerable. Normalmente, el progreso se mide en porcentajes intermedios entre 0% y 100%, que vas checkeando en determinados momentos del proceso pero puedes establecer otros KPIs que consideres que miden mejor el desempeño de tu esfuerzo, siempre y cuando sea un indicador numérico objetivo. Si ves que los esfuerzos no avanzan en los tiempos en los que deberían, es momento de replantearte tu estrategia. Ejemplo: “Quiero alcanzar los 5.000 fans en los seis primeros meses desde el lanzamiento de la marca en redes sociales”. Si a los 5 meses te percatas de que solo llevas el 20% del objetivo, algo has hecho mal: igual has definido un objetivo inalcanzable o no has invertido lo suficiente. Pero lo peor no es eso; lo peor es que no hayas sido consciente hasta el 5º mes. Tienes que trackear constantemente. 

Achievable / Alcanzable. ¿Son realistas los objetivos?

Es importante analizar si el objetivo es alcanzable, teniendo en cuenta la situación tanto interna como externa de la compañía, los recursos humanos y materiales disponibles, así como el tiempo que tenemos para conseguirlo. Hacer un plan estratégico para alcanzar la meta es imprescindible para saber qué necesitamos, qué nos falta, qué pasos tenemos que dar, qué obstáculos prevemos que nos podemos encontrar… Ejemplo: “Quiero fomentar el team building en mi empresa, sabiendo que la movilidad y el aforo están muy restringidos en tiempos de coronavirus y que no disponemos de un presupuesto extra para hacer este tipo de actividades. Por eso, vamos a crear equipos interdisciplinares que van a rotar todos los meses para favorecer las relaciones virtuales y vamos a lanzar un NPS anónimo cada semana para medir el grado de engagement corporativo y los resultados de desempeño por equipos y a nivel individual”. 

Relevant / Relevante. ¿Esta meta está alineada con los objetivos generales del negocio?

Pregúntate por qué has seleccionado este objetivo y de qué manera va a contribuir a conseguir los resultados estratégicos de la compañía: ventas, branding, expansión… Además, plantéate si es el momento adecuado para enfocarte en ese objetivo. Ejemplo: “Quiero aumentar el reconocimiento de mi marca en un 40% en los próximos 6 meses porque mi empresa acaba de hacer un rebranding y hemos cambiado significativamente el nombre de marca, el slogan y el logotipo. Es momento de invertir en branding”. 

Time-bound (en tiempo). ¿Cuándo tiene que estar conseguida esta meta? ¿Es el momento adecuado?

Cualquier objetivo tiene que tener un timing. De la misma forma que no se consiguen los objetivos de la noche a la mañana, tampoco puedes mantener un objetivo sine die, indefinidamente. Fijar plazos ayuda a los equipos a alinearse internamente para enfocarse en conseguir los resultados a tiempo. A veces, el factor “alcanzable” depende mucho del factor “tiempo”. Por eso, es tan importante calendarizar las acciones. Pero, además, no solo es una cuestión de conseguirlo dentro de un período de tiempo en concreto sino de hacerlo en el momento adecuado. Ejemplo: “Necesitamos tener lista la producción de los artículos de verano antes del 15 de mayo, fecha en la que los distribuidores nos han pedido tener los artículos en sus almacenes. El proceso de fabricación interna nos lleva 2 meses. Por tanto, nuestra fecha de producción más tardía posible es el 15 de marzo”. 

Cuando defines los objetivos SMART tienes una fotografía mucho más amplia de todo el negocio (o propósito personal) y te resulta más fácil planificar, priorizar, redistribuir recursos y aunar esfuerzos, optimizar tiempos, economizar costes y un control mucho mayor sobre los resultados. Convertirás tus deseos en objetivos de verdad. Tú, ¿cómo sueles establecer tus objetivos? ¿Te resulta fácil establecer los KPIs para medir el progreso? ¿Qué porcentaje de tus objetivos consigues alcanzar?¡Comparte con nosotros tu experiencia!

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